
Más adelante, en las exóticas islas Hawai, participó del rescate de la corbeta argentina "Santa Rosa", cuya tripulación se había sublevado; y comandó una parte de las fuerzas que se apoderaron de Monterrey, en la costa de California, ciudad que permaneció tres días en poder de Bouchard.
El extenso viaje a lo largo del Pacífico concluyó cuando "La Argentina" arribó a Valparaíso el 12 de julio de 1819 convirtiéndose Espora en el primer marino argentino en circunnavegar la tierra.
Cuando el General San Martín alista a la expedición Libertadora al Perú, Espora tomó parte de la misma.
Luego como oficial de la escuadra peruana formada por el Libertador, combatió para rendir la fortaleza del Callao, último baluarte de los españoles en el Pacífico.
Con el grado de Capitán de Corbeta, una extensa experiencia, y su diploma y medalla de Asociado a la Orden del Sol, volvió a su país.
A poco de su regreso a Buenos Aires en 1825, se produjo la declaración de guerra con el Imperio del Brasil, razón por la que el joven marino de inmediato pasó a formar parte de la escuadra de Brown.
Coronel de Marina
Tomás Espora (1800- 1835)
Nació en Buenos Aires el 19 de septiembre de 1800. Hijo de un artesano genovés y una criolla santafesina.
A la edad de 15 años se embarcó como grumete en la corbeta "Halcón", comandada por quien fuera maestro profesional, el corsario francés Hipólito Bouchard, formando parte de la campaña de corso, dispuesta por el gobierno nacional con el objeto de obstaculizar el comercio español en las costas de Chile, Peru y Ecuador.
Durante el transcurso de ese conflicto, hubo dos acciones en las cuales Espora demostró valor y audacia: el asalto con cañoneras a la Colonia del Sacramento (1 de marzo de 1826) y el combate de Quilmes (30 de julio de 1826), en el que Brown le entregó el mando de la fragata "25 de Mayo" con la que combatió heroicamente.
En la vida de Espora hay una acción naval que pone de manifiesto su fuerte personalidad. En marzo de 1828, al mando de la goleta "8 de Febrero" secundado por la goleta "Unión", zarpó de Buenos Aires para colaborar con las operaciones del ejército nacional en las costas de Río Grande.
Ante la imposibilidad de establecer comunicaciones con ese ejército, Espora resolvió regresar y el 29 de mayo se hallaba en aguas de la bahía de Samborombón, cuando se encontró rodeado por la escuadra brasileña al mando del capitán Oliveira Botas, que bloqueaba la zona.
Ante ese hecho se dirigió a su tripulación y les dijo:
"Muchachos, ahí esta el enemigo y aunque nuestras fuerzas sean desiguales vamos a enseñarles que somos dignos de mantener el nombre glorioso que lleva este buque..."
En 1816 participó en ataques a puertos, fortalezas y apostaderos navales claves, como los del Callao y Guayaquil.
De regreso a Buenos Aires, con tan solo 17 años, se embarcó nuevamente a bordo de la fragata "La Argentina", iniciando otro periplo corsario bajo las ordenes de Bouchard.
Entre 1817 y 1819, navegó junto al francés por los océanos Atlántico, Índico y Pacífico, en los cuales enfrentó situaciones que forjaron su carácter.
Luego expresó:
"Marinos y soldados del "8 de Febrero", solo los cobardes se rinden sin pelear, y aquí no reconozco sino argentinos y republicanos, Compañeros: arrimen las mechas y ¡Viva la Patria!
Al primer destello de sol, el 30 de mayo de 1828, Espora saludó a la bandera con un disparo de cañón y de inmediato la arrió.
Poco después, Espora y Toll eran hechos prisioneros y luego canjeados por dos destacados jefes de la marina imperial brasileña.
Espora ascendio a Coronel de Marina el 10 de octubre de 1828 y en noviembre de 1833 fue designado Capitán de Puertos y Matrículas.
Enfermó gravemente y falleció en Buenos Aires el 25 de julio de 1835.
El Almirante Brown sentenció ante su cadáver:
"Considero la espada de este valiente oficial una de las primeras de América, y más de una vez admire su conducta en el peligro, lástima que haya pertenecido a un país que no sabe valorar sus héroes."

Rosales enfrentó al caudillo Ramírez, quien se había adueñado de la situación en Santa Fe, en el combate de Colastiné y lo venció.
En 1821, ya como Capitán, se califica a si mismo como "un soldado del orden", adhiriendo al partido unitario.
Al comenzar la Guerra con Brasil, Rosales recibió el mando de la cañonera Nº 6, con la que participó en el primer combate frente a Buenos Aires, el 9 de febrero de 1826, y del ataque a la Colonia del Sacramento.
Coronel de Marina
Leonardo Rosales (1792- 1836)
Nació en Buenos Aires el 5 de noviembre de 1792.
Luego de abandonar sus estudios en el Colegio Real de San Carlos, comenzó a navegar en el tráfico fluvial junto a su padre.
En marzo de 1814, en calidad de artillero, se embarca en la sumaca "Santísima Trinidad", uno de los barcos de la escuadra de Brown destinado al patrullaje del Río de la Plata.
Participó en numerosas acciones navales libradas contra el poder español.
Dadas sus condiciones excepcionales, Brown le otorgó el mando de la goleta "Río de la Plata", afectada a la custodia de convoyes paras el abastecimiento del ejército que operaba en la Banda Oriental.
Al mando de la "Sarandí" estuvo en el Combate de Los Pozos, el 11 de junio de 1826, donde en pleno combate Brown expresó:
"No conozco más valientes que Brown, Espora y Rosales".
Colaboró como jefe de la escuadrilla del General Lavalle contra los federales y en 1829 es ascendió a Coronel de Marina.
Tras su valeroso comportamiento en el Combate de Arroyo de la China, contra la escuadrilla realista al mando del Capitán Jacinto de Romarate, fue ascendido a Sargento.
En mayo de 1814, asistió a las gloriosas jornadas del Combate Naval de Montevideo, en las que Brown derrotó a las fuerzas realistas, encuentro que permitió la rendición de esta importante plaza.
Rosales tuvo participación en las luchas interinas que se vivían por entonces, al formar parte de una expedición enviada por el gobierno de Buenos Aires para controlar las montoneras al frente del entrerriano Francisco Ramírez.
Al producirse el ascenso de Rosas al gobierno, el marino, de espíritu liberal, se decidió por el exilio.
Fue privado de su cargo y borrado de la lista militar.
Carente de recursos, se estableció como pulpero en Carmelo (entonces Las Vacas), Uruguay, donde residió hasta su muerte el 20 de mayo de 1836.
Sus restos fueron repatriados en 1996 y reposan definitivamente en la Iglesia matríz de la ciudad bonaerense de Punta Alta, cabecera del Partido que lleva su nombre.

Teniente Coronel de Marina
Luis Piedra Buena (1833- 1883)
Nació el 24 de agosto de 1833 en el histórico fuerte y puerto de Carmen de Patagones, ubicado sobre el margen del Río Negro.
A los 9 años de edad se embarcó como grumete de un barco norteamericano que hacía la carrera hacia Buenos Aires e ingresó en una escuela primaria.
En 1847, conoce al capitán norteamericano H. W. Smiley, su maestro en el mar y con quien recorre a bordo del "John Davison", los mares del Sur pescando ballenas.
En 1849, en Isla de los Estados, realizó su primer salvataje humanitario, rescatando del mar a 14 hombres que habían naufragado, solidario gesto que seria una constante a lo largo de toda su vida.
Desde 1851 hasta 1854 surcó los mares australes explorando las islas comprendidas entre cabo Vírgenes y Chiloé, internándose en los canales fueguinos y llevando a las tribus de la zona banderas de Argentina hechas de lona.
Como primer oficial de Smiley partió hacia Estados Unidos, donde continuó sus estudios en una academia náutica cercana a Nueva York, de allí regresó a su patria con un diploma de piloto a bordo del "Nancy".
En 1859 remontó el río Santa Cruz hasta la isla Pavón donde por primera vez, junto con una tribu de indios enarbola la bandera argentina en la Patagonia. Desde este puesto continúa con sus actividades comerciales y de pesca de ballenas y de lobos, y a actividades comerciales y de minería sin dejar lado sus actividades humanitarias.
Al año siguiente le compra a su amigo Smiley el bergantín "Nancy", que procede a armar para defender el territorio y las costas del sur patagónico.
Debido a los frecuentes naufragios en la zona, levanta en Puerto Cook (Isla de los Estados) un pequeño refugio para albergar a los náufragos, e iza en el él la bandera argentina.
En 1863, sobre un peñasco del Cabo de Hornos grabó:
"Aquí termina el dominio de la República Argentina. En la isla de los Estados (Puerto Cook) se socorre a los náufragos. Capitán Piedra Buena. Nancy, 1863".
En uno de sus largos viajes arriba a la Bahía de San Gregorio, margen norte del estrecho de Magallanes, traba amistad con el cacique Casimiro Biguá, Cacique General San Gregorio. Piedrabuena le obsequia a Biguá el pabellón de su barco, que ha tomado el nombre de "Espora".
El presidente Mitre, teniendo en cuenta los méritos de Piedra Buena en la defensa del territorio patagónico, le confiere en 1864, el cargo de capitán honorario sin sueldo con la facultad de impedir que los loberos hicieran incursiones en esas regiones. Años más tarde se le otorgan en propiedad las islas Pavón y de los Estados.
En 1867 regresa a Buenos Aires y contrae matrimonio con Julia Dufour, con ella, y a bordo del Espora, parte hacia la isla de los Estados para luego arribar a la isla Pavón y establecerse en Punta.
En marzo de 1873 viaja con la goleta "Espora" a la isla de los Estados donde lo sorprende un terrible temporal que embiste la nave contra las rocas produciéndose la pérdida de la misma. Con los restos de esta nave construyó el pequeño cúter "Luisito", navegando hacia Punta Arenas.
En 1875, el gobierno nacional, con el objeto de asegurar el dominio y la comunicación con las lejanas zonas del mar argentino, le concede una línea de navegación subpatagónica, y en 1878, por decreto del presidente Avellaneda es nombrado teniente coronel de la Marina, con grado de Sargento Mayor.
El 8 de noviembre de 1882, el presidente Roca le otorga al grado efectivo de teniente coronel de la Marina de Guerra.
Se aprestaba a efectuar una nueva navegación a la región donde había surcado tantas millas afirmando la soberanía nacional y salvando náufragos cuando, a los 50 años, lo sorprendió la muerte en Buenos Aires el 10 de agosto de 1883.
"Yo no aspiro a nada, sólo quiero tener en mi conciencia la satisfacción de haber cumplido como el más honrado de los argentinos." Luis Piedra Buena.

En septiembre de 1815, el Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas le otorgó la patente de corso, este año inaugura una de las etapas más prestigiosas en la vida de Bouchard, la campaña de corso organizada por el gobierno en conjunto con el Almirante Guillermo Brown por las costas del Océano Pacífico a fin de reducir y entorpecer el poder naval español.
Durante este periplo (1815-1816) sobre el cual se puede afirmar que allanó el camino a la expedición libertadora del General San Martín a Chile y Perú, apresaron buques españoles, bloquearon y atacaron el puerto de "El Callao", la plaza más poderosa de España en América, y atraparon la fragata "Consecuencia", que pasaría a la historia con el nombre de "La Argentina".
En aguas ecuatorianas atacaron fortificaciones cercanas a Guayaquil. Al sufrir su barco problemas de estanqueidad, Bouchard decide regresar a Buenos Aires y en el reparto de bienes le tocó en suerte la "Consecuencia".
A mediados de 1816 desembarcó en Buenos Aires y se encomendó a los preparativos de una nueva expedición corsaria, que comenzó el 9 de julio de 1817, al zarpar "La Argentina" de la Ensenada de Barragán y duraría dos años.
Navegando por aguas del Atlántico Sur llegó al Océano Índico, recalando en la isla de Madagascar, donde mediante el empleo de la fuerza impidió el tráfico de esclavos por parte de buques de origen inglés y francés.
Capitán de Navío
Hipólito Bouchard (1780- 1837)
Nació el 15 de enero de 1780 en la localidad de Bormes-les-Mimosas, cerca de Saint Tropez, Francia y desde muy joven se embarcó en buques pesqueros y mercantes que lo iniciaron en la dura vida del mar.
Llegó a Buenos Aires en 1809 y, al producirse la Revolución de Mayo, se inclinó a favor de su causa.
Dos años más tarde como segundo comandante de la primera escuadra patriota, a las órdenes de Juan Bautista Azopardo.
La lucha contra la esclavitud estaba prevista en las instrucciones del gobierno a Bouchard.
Continuó su trayecto hacia Filipinas, con el objeto de atacar el comercio español en esa zona, muy peligrosa por la frecuente presencia de piratas malayos.
A pesar de contar con su tripulación en pésimas condiciones físicas por el escorbuto, lograron rechazar el ataque de cinco buques piratas malayos.
Las tormentas lo obligaron a enfilar hacia las bellas islas Hawaii donde se encontró con la corbeta argentina "Santa Rosa", cuya tripulación se había sublevado, requirió al rey de la isla la entrega del buque como asó también el cabecilla de la rebelión, el marinero inglés Gribbin. El rey devolvió el buque y Gribbin fue fusilado.
Con la "Santa Rosa", atacaron Monterrey, en la costa de los Estados Unidos, apoderándose del fuerte español, donde izaron la bandera argentina durante tres días.
En Nicaragua destruyeron el puerto del Realejo uno de los centros más importantes del comercio colonial español y principal astillero del Pacífico.
Al arribar la expedición de Bouchard al puerto de Valparaíso el 12 de julio de 1819 se concretaba el viaje que permitió a la primera nave argentina circunnavegar el mundo. Sin embargo por orden del vicealmirante escocés Lord Cochrane, fue arrestado bajo cargos de piratería, siendo su cargamento confiscado.
Tuvo una destacada actuación el 2 de marzo de 1811 en San Nicolás de los Arroyos, cuando enfrentó con valor la escuadrilla realista del Capitán de Navío Jacinto de Romarate.
Bouchard fue uno de los oficiales del Regimiento de Granaderos a Caballo que en 1813 participó en el combate de San Lorenzo.
En premio a su valor, la Asamblea Constituyente le concedió la ciudadanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Luego de un juicio de varios meses obtuvo la libertad y su nave "La Argentina" la cual se le reintegró aunque en un estado lamentable.
A pesar de las difíciles circunstancias, Bouchard tomó parte de la Expedición Libertadora al Perú y cuando el General San Martín crea la escuadra peruana le dió el mando de la fragata "Prueba", el buque mas importante de la flota.
Hasta 1828, siguió al servicio de la marina peruana, año en el que se retiró del servicio activo, fundando un gran ingeniero azucarero llamado "La Buena Suerte", donde murió asesinado por un peón el 4 de noviembre de 1837.
Sus restos estuvieron perdidos por más de 120 años, hasta que en junio de 1962 fueron encontrados en una cripta olvidada de una parroquia en Nazca, Perú.
El 6 de julio de ese año fueron exhumados y repatriados a Buenos Aires por una comisión formada por la Armada Argentina y la Armada de Perú.
Sus restos arribaron a bordo del crucero "La Argentina" y hoy descansan en el Panteón Naval de Buenos Aires.

Sargento Mayor
Francisco Drummond (1803- 1827)
Nació en octubre de 1803 en Dundee, Escocia.
Entre 1822 y 1825 prestó servicios en la Armada Imperial Brasileña, en la que obtuvo su baja en marzo de 1826, después de estar preso 9 meses.
Ingresó en la Armada Nacional en 1827, alcanzando ese mismo año el grado de Sargento Mayor.
Se destacó en la Guerra con el Brasil, en la Acción del Arroyo Campichuelo y el Combate de Punta de Quilmes.
Por su actuación fue condecorado con el Escudo de Plata de la Campaña del Juncal y recibió una Mención Honorífica por el Combate del Juncal, a pedido del Almirante Guillermo Brown.
Falleció luchando el 8 de abril de 1827 a bordo de la goleta "Sarandí" durante el combate de Monte Santiago.
Combate de Monte Santiago, 7 y 8 de abril de 1827
Reiniciada la lucha, a las cinco de la madrugada del 8 de abril, escaseaba ya la pólvora y municiones en las naves republicanas.
El "Independencia" tenía más de doscientos impactos brasileños y allí Drummond, su comandante, falto de proyectiles, utilizaba trozos de la cadena del ancla en su reemplazo.
Herido en la cabeza con gran efusión de sangre (había perdido una oreja), teniendo su buque deshecho y con mas de la mitad de la tripulación muerta o herida de gravedad, Drummond pasó a la "República" para requerir al Almirante Brown los medios de combate que le faltaban para poder proseguir la lucha.
Carente también la "República" de pólvora y munición, Drummond pasó a la "Sarandí" para efectuar igual pedido y, al pisar su cubierta, una bala de cañón lo hirió fracturando la pelvis y el fémur.
Sin perder los sentidos, tomó Drummond conciencia de su estado y pidió la presencia de su amigo, el Capitán D. Juan H. Coe, a quien encomendó sus últimos deseos.
Visitado en su agonía por el propio Almirante Brown, al pasar este su insignia de la ruinosa "República" a la "Sarandí", tuvo aún aliento para despedirse de él.
La Leyenda
Según la tradición oral, no desmentida por la familia, Elisa, hija del Almirante Brown, habría estado comprometida o cuanto menos de novia con el gallardo escocés D. Francisco Drummond.
Poco después de fallecido el joven y bravo marino, se produjo la muerte de la joven Elisa Brown el 27 de diciembre de 1827 en circunstancias históricamente comprobadas pero no muy claras, (durante un baño estival, en un zanjón de la antigua boca ya cegada del Riachuelo, ante presencia de testigos y de su hermano menor que no pudieron auxiliarla).
Desde entonces, creció la leyenda de su suicidio en el Plata, debido a la pérdida de su gran amor.
Coronel de Marina
Juan Bautista Azopardo (1772- 1848)

Por CN (RE) Mg. Tomás Merino
Juan Bautista Fortunato Ignacio Azzoppardi nació en Senglea, isla de Malta, el 19 de febrero de 1772; pertenecía a una antiquísima familia de la isla, de origen romano que en esa época conservaba aun grandes posesiones y tenían una flotilla de barcos mercantes.
En Francia estudió y practicó construcciones navales en Tolón durante 6 años. Actuó en las guerras coloniales en las islas de Guadalupe y Martinica en 1793.
Por su comportamiento e intervención en 24 combates por mar y tierra obtuvo su despacho de teniente primero de la marina francesa.
Sirvió también en la marina inglesa en 1796. En su patria fue teniente de las tropas de San Juan de Malta.
Tomo parte también en la guerra de corso que Holanda, aliada de Francia, hizo a Inglaterra en 1803. Entre este año y 1806 embarcó en naves corsarias de distintas banderas.
A principios de abril de 1806 llegó a Montevideo como segundo comandante de la corbeta "Reina Luisa" alias "Dromedario", de 20 piezas de artillería y 240 hombres de tripulación, armada en corso al servicio de España.
El Gobernador de Montevideo al organizar las fuerzas para la defensa de esa ciudad ante la presencia inglesa en el Río de la Plata, le confió el mando de la lancha obusera "Invencible Nº4".
Cuando Liniers organiza en Montevideo las fuerzas para enfrentar al invasor de Buenos Aires, Azopardo se incorpora a las unidades de marina que mandaba Gutiérrez de la Concha, en donde comandaba la lancha ligera "Princesa" armada con un cañón de a 12 y tripulada con 36 hombres.
El 11 de agosto, junto con todas las fuerzas de reconquista, entrada en el Retiro al frente de sus marineros y fue de los primeros que entraron en la Plaza Mayor.
Permaneció en Buenos Aires y estuvo a las órdenes de Liniers, de quien fue también amigo, hasta el 20 de noviembre de 1806 cuando se le concedió una licencia para ejercer el corso dentro del Río de la Plata, vigilar las unidades inglesas y dar aviso inmediato de cualquier desembarco.
Salió al mando de la goleta "Mosca de Buenos Aires" y tuvo un combate con el bergantín de guerra ingles "Protector" y con otra corbeta también de guerra inglesa, en el cual logró salvar su nave. Finalizó sus tareas como corsario el 23 de enero de 1807.
El 17 de marzo de 1807 recibió sus despachos de Capitán Urbano de Artillería, y se le dio la comandancia de la batería de los Olivos, servida por el cuerpo de Pardos y Morenos, a la que encontró semidestruida, dedicándose junto a sus subordinados a reconstruirla.
Al atacar nuevamente los ingleses Buenos Aires, se dirigió al puente de Barracas, para sostener el ala izquierda de nuestro ejército con su artillería de grueso calibre, y luego de los primeros encuentros recibió la orden de situarse en el Alto de Santa Lucia, y desde allí debió retroceder hasta la Plaza Mayor, en donde tomó el mando de toda la artillería la defensa de la plaza y ahí se mantuvo hasta el cese de las hostilidades.
Luego se lo designó comandante de la batería de la Recoleta, y obtuvo su Real Despacho de teniente coronel graduado de las Milicias Urbanas el 16 de febrero de 1808.
En este puesto se mantuvo leal en los tumultos de enero de 1809 y lo desempeñó hasta el 15 de noviembre de 1809, en que el virrey Cisneros lo separó del servicio, con pretexto de economías, pero en realidad por sus ideas liberales y sus antecedentes como oficial de la Revolución Francesa. Esa separación del servicio no incluyo la patente como a otros, pero se lo intimó dos veces a embarcarse con destino a la Península, órdenes que eludió alegando el mal estado de su salud.
El movimiento revolucionario de Mayo lo contó entre sus adictos y el 27 del mismo mes, la Junta Provisional Gubernativa lo agregó al cuerpo de granaderos del coronel Terrada en el cual prestó servicios hasta el 15 de agosto de 1810.
Al dejar de prestar servicio en el regimiento de granaderos, la Junta lo comisionó para que se aplicara a la formación de una escuadrilla naval hacia mediados de agosto de 1810.
Como funcionario del Gobierno, para armar la escuadrilla tuvo que afrontar toda clase de dificultades; estaban anclados en el puerto de Buenos Aires algunos barcos mercantes de menor porte, de los cuales fueron adquiridos cinco aunque no eran apropiados para el fin de la guerra.
Azopardo desplegó toda su actividad y trató por todos los medios posibles de mejorar la condición de esos barquichuelos y hacerlos aptos para portar cañones; anclados en el el Riachuelo, ahora convertido en un pequeño astillero, adquiría ese lugar un movimiento inusitado en la vida de la colonia, y de allí hasta el combate del 2 de marzo siguiente Azopardo alista y comanda esa escuadrilla.
La Junta ante la derrota en San Nicolás, el 5 de abril mandó instruir una causa donde se juzgó a Azopardo sin oír su defensa, y se atribuyó la derrota a falta de organización y de disciplina, aunque en aquellos momentos todos se creían con derecho a mandar y ninguno con el deber de obedecer.
El 18 de marzo de 1811, en la sumaria información levantada en Montevideo, Azopardo fue declarado insurgente, porque se batió con bandera y gallardete españoles y se lo condenó a que expiara su delito en los insalubres castillos de la península. Fue embarcado en la fragata "Efigenia" y llegó a Cádiz el 1º de julio de 1811.
Su primer lugar de detención fue un castillo levantado en los siglos XVI y XVII frente a la ciudad, llamado San Sebastián, era una hosca construcción de piedra, siniestra y misteriosa que en pleamar quedaba incomunicado con la ciudad, con paredes constantemente batidas por las olas, la mayor parte socavada en a misma roca de la isla de la que ocupa toda su extensión, con desnudos y sombríos corredores, habitaciones desmanteladas, escalerillas de caracol angostas y lúgubres que conducían a las profundidades en el corazón mismo de la roca donde estaban los calabozos destinados a prisioneros políticos.
A esos calabozos destinados al deposito de prisioneros franceses, sin aire, sin luz, húmedos, donde chorreaba el agua por las paredes rocosas, fue arrojado Azopardo, quien al respecto se refería años después: "... estuve preso por espacio de diez años sufriendo las más horrorosas prisiones, en cárceles y castillos, de calabozo en calabozo, encerrado, sin luz ni comunicación, confundido con los hombres mas facinerosos y criminales, cargado de hierros y casi desnudo, agotado de todo recurso, en el más deplorable estado de miseria, abandonado de todo el mundo, tratando de insurgente, por no haber negado jamás ser americano, con el carácter firme de un verdadero insurgente a la monarquía española y teniendo la desgracia de que fueran vanas todas mis tentativas para salir de mi horrorosa situación...".
No obstante el gobierno patrio pedía a sus agentes secretos en España, que pusieran en juego recursos para aliviar su situación, por ejemplo en agosto de 1812 el Triunvirato pedía: "...se sirva auxiliar al referido Azopardo con la suma de 25 pesos mensuales, a fin de hacer menos amarga su situación y como es fácil que ayudado por las relaciones y sentimientos generosos de Ud. se proporcione algún escape para Inglaterra o cualquier punto de donde pueda trasladarse a América, encargo a Ud. en nombre de mi gobierno, tenga la bondad de protegerlo con lo que fuese necesario para que lo efectúe con seguridad y son riesgo de que vuelva a caer su persona en manos de tiranos que o imposibiliten volver a salvarse."
Los españoles, algo habrán sospechado de intentos para liberar al reo, y creyendo que en San Sebastián Azopardo no estaba seguro y que la fuga era probable, lo trasladaron el 15 de febrero de 1815 a otro castillo llamado de la Cortadura, camino de Cádiz a San Fernando.
En la fortaleza militar de la Cortadura, no menos inhóspita que la anterior, encerraron a Azopardo en los calabozos subterráneos por un corto período de tiempo hasta la llegada a la península del general Vigodet. Decía nuevamente años después Azopardo: "Sentenciado tres veces a la última pena, hasta que la tercera vez, llegó el general Vigodet, por la toma de Montevideo por los nuestros; se presentó al Gobernador de Cádiz para que suspendiera la ejecución por haber traído un oficio del Gobierno de Buenos Aires diciendo que: "La misma conducta que conserven con Azopardo, se observara con los demás prisioneros españoles es que esta se quedo en espera de lo que determine Su Majestad."
El 24 de noviembre de 1815, lo trasladaron a Ceuta. Donde era bien conocida la inhumanidad, la crueldad y el mal trato que recibían los cautivos en esta fortaleza, una de las mas terribles de España, con estrechas, oscuras y malsanas bóvedas.
Allí teniendo por asiento una piedra, por lecho el piso desnudo, dos barras de grillos en las piernas, que una cadena embutida en la pared le imposibilitaba todo movimiento, sobre su cabeza y en la pared el clásico dibujo de la calavera con dos fémures cruzados y la leyenda "piensa en la muerte", los pies descalzos sobre el frío y áspero piso, apenas cubierto su cuerpo con un pantalón y una camisa, triste y pálido, con el corazón oprimido, el alma lacerada, presintiendo la muerte a cada instante, estrechamente vigilado por sus verdugos, que hasta presidían su mísera comida cuatro soldados y un oficial armados, paso Azopardo cinco años.
Así, sentenciado tres veces a muerte, y otras tantas suspendida la ejecución, se salvó milagrosamente de la prisión por la revolución liberal de Riego de 1820, que abrió las cárceles a los presos políticos y como lo dice el mismo Azopardo: "resucité el sábado santo 1º de abril de ese año".
Con un pasaporte para Algeciras, rápidamente se trasladó de dicha ciudad en un amanecer a Gibraltar, y allí tuvo que esperar siete días para que un barco inglés lo transportara a Buenos Aires, donde llegó el 26 de agosto de 1820.
Inmediatamente se presentó a las autoridades de Buenos aires, quienes le reconocieron sus despachos de teniente coronel de 1811, y se lo incorporó al servicio activo de la marina el 15 de febrero de 1821, y formó parte de la escuadrilla de Buenos Aires como segundo jefe, a las órdenes del coronel José Matías Zapiola.
En esas funciones el 28 de julio firmó el parte de combate de Colastiné que se había desarrollado el 26 de ese año, a pesar de haber cumplido funciones pasivas, ya que con su buque se limito a cerrar el tráfico.
Finalizada la lucha con ese combate continúa como comandante del "Aranzazu", hasta que es nombrado Capitán del Puerto de Buenos Aires, comunicación que recibió el 13 de diciembre de 1821.
Seria harto difícil reseñar la labor completa de Azopardo en la Capitanía del Puerto por las innumerables cuestiones que abarcó, y que por el tiempo que estuvo al frente de dicha repartición, desde fines de 1821 hasta diciembre de 1825.
En general introdujo mejoras en las diferentes actividades que dieron nueva fisonomía a tan importante rama administrativa.
Dictó entre otros reglamentos que organizaron las diversas tareas de la Capitanía, el de policía marítima, de pilotos de río, para las visitas de sanidad, para el embarco y desembarco de pasajeros, para los buques de cabotaje mayor y menor, y para evitar los escándalos de toda clase de marinería en el puerto.
Entre otras medidas y comisiones de cuentas: el balizamiento de los bancos Ortíz y Chico, la colocación de boyas luminosas en el río, la limpieza del estuario de restos de embarcaciones hundidas, etc.
En vista de la tirantez de relaciones con el Imperio del Brasil, realizó la inspección y peritajes sobre los buques que deseaba adquirir el gobierno.
Así durante 1825 en la Capitanía no se hacía casi otra cosa que inspeccionar barcos, comprarlos si convenía, introducir en ellos algunas reformas para que pudieran cargar artillería y servir para la guerra, pedir armamento al Arsenal además de ejercer una vigilancia estricta del puerto y las embarcaciones, tareas que realizaba Azopardo.
El 9 de septiembre de 1825, Zapiola lo propone para segundo jefe de la marina, lo que fue aprobado por Balcarce el 8 de octubre de 1825, y en esas funciones lo encuentra la declaración de guerra del Brasil el siguiente 10 de diciembre.
En vista del bloqueo establecido por la escuadra imperial al puerto de Buenos Aires y para prevenir un ataque a la ciudad presentó el 8 de enero de 1826 un proyecto de fortificación del puerto, pero éste no fue aprobado.
A don Guillermo Brown se lo nombró jefe de la escuadra e izó su insignia en el bergantín "General Balcarce", y Azopardo como segundo jefe de la escuadra, embarcó como comandante del bergantín "General Belgrano", los únicos buques de mayor porte.
El 15 de enero un bote del bergantín "General Belgrano", que comandaba Azopardo, durante el ataque del bergantín "General Balcarce" a órdenes de Brown a una cañonera enemiga, apresó un buque mercante que huía custodiado por la escuadra brasilera.
El 8 de febrero zarpa rumbo a la escuadra enemiga, que estaba cerca de Colonia, participando del combate del 9 de febrero, en el cual sólo se batió Brown con la fragata "25 de Mayo".
Luego de ese combate Brown acusaba a los comandantes de los otros buques de cobardía.
Herido en su honor militar y creyendo que la justicia lo asistía, Azopardo, el jefe de mayor graduación, pidió se levante un sumario y que su conducta fuese juzgada en un Consejo de Guerra.
La causa concluyó el 20 de diciembre de 1826, y a Azopardo se le expidió cédula de retiro de la marina el 23 de febrero de 1827. Tiempo después Azopardo hace una presentación al gobierno en la cual expresaba: "...yo pedí y obtuve la formación de un Consejo de Guerra que, con arreglo a ordenanza me juzgase, y decidiese sobre mi culpabilidad o inocencia.
El consejo se formó y después de seguir los tramites establecidos, no obstante confesar su decisión que no hallaba cargo probado contra los acusados, no se atrevió a fallar definitivamente sobre nuestra inocencia y acordó remitir el proceso al Presidente de la República que lo era entonces don Bernardino Rivadavia.
Este proveyó que se sobreseyese en la causa, y se archive el expediente, dejando de este modo en problema nuestra reputación e impugne al que audazmente y prevalido de si posición se había atrevido a infamarnos".
Retirado, vivió 21 años con su esposa e hijo en la casa que había adquirido en los arrabales de entonces de Buenos Aires, en las actuales avenida Corrientes y calle Libertad, y allí le llegaron los primeros nietos.
Era muy conocido y apreciado por los vecinos e la Gran Aldea, que lo llamaban míster Batista.
Su figura se mantenia recia a pesar de los años; recorria a pie la ciudad apoyado en su baston de caña de la India con empuñadura de marfil.
Cuando le hablaban de combate de San Nicolás, su mano temblaba y oprimía con las fuerzas el bastón.
Se había hecho ya una costumbre en el Buenos Aires de esos años que la mayor parte de las refacciones y arreglos que requerían los buques mercantes próximos a emprender viaje, los efectuara Azopardo; reconocía así su experiencia y preparación en construcciones navales.
Durante sus viajes, muchos marinos le encomendaban la administración de sus bienes, que dejaban en Buenos Aires a su partida, por el alto concepto que de el tenían, no solo por su capacidad sino principalmente por su honorabilidad y hombría de bien, y por la confianza que inspiraba.
Falleció en su casa el 23 de octubre de 1848, sus restos fueron inhumados dos días después en la Recoleta, su nieto puso sus restos bajo custodia del Centro Naval que los colocó en su panteón del cementerio del Oeste, y el 23 de octubre de 1948 fueron trasladados a una cripta del monumento al primer combate naval erigido en San Nicolás.

Bartolomé, huérfano de padre a poco de nacer el 24 de agosto de 1830, era el benjamín del matrimonio formado desde 1813 por Benita Beruti, sobrina de Antonio Luis Beruti, quien durante la Revolución de Mayo distribuyó junto con French las cintillas que identificaban a los patriotas, y por José Antonio Cordero, oficial escribiente que prestaba servicios en la Asamblea General Constituyente y Soberana del Año 1813 y luchó cuando le fue requerido como militar, falleció alrededor de 1830. De los hijos varones, el primogénito había sido fusilado por orden de Horacio Quiroga en Tucumán luego de la batalla de La Ciudadela en noviembre de 1831, y sus hermanos mayores José Maria y Mariano se habían incorporado a las fuerzas navales en 1835, y estaban embarcados en otros de los buques de la escuadra. Bartolomé L. Cordero, quedó al embarcar sus hermanos único varón en su casa, y fue ahijado por Manuelita Rosas, hija del gobernador.
El 11 de junio siguiente recibió su despecho de guardiamarina, y al respecto dice su foja de servicios: "... desembarcó con el ayudante de la escuadra D. Álvaro Alsogaray para ir a recibir sus despachos de Guardia Marina de manos de S.E. el Gobernador Delegado D. Felipe Arana, quien después de haberle entregado los despachos le hizo un largo discurso de sus deberes como militar y como ciudadano, y muchas reflexiones como de un pare a un hijo, las que a pesar de su poca edad no cejaba de reconocer justas y agradecer el vivo interés que se tomaba por él y en pocas palabras, y quizá mal articuladas por la timidez que es propia a un niño de 11 años no cumplidos aún, dió las gracias y las seguridades de ser fiel a su Patria. Volvió a bordo del "Belgrano", donde el Almirante lo recomendó a todos los oficiales y les dijo que le enseñaran y le atendieran en el servicio y fuera de él."
Desde el ingreso al servicio le cupo batallar rudamente a las órdenes del Almirante Brown, recibiendo su bautismo de fuego el 3 de agosto de 1841, combatiendo contra la escuadrilla oriental frente a la desembocadura del Santa Lucía, cercana a Montevideo, durante el cual su buque mantuvo un sostenido cañoneo con la "Sarandí", nave insignia de Coe, y dijo fuera de combate a las goleta "Rivera" al mando del Francisco Fourmantín. El 9 de diciembre del mismo año participó en el combate de las barrancas de San Gregorio en la costa del actual departamento de San José, y el 21 de diciembre en el combate denominado de las Isla de Flores, aproximadamente 10 millas al este de la Bahía de Montevideo.
El 15 y 16 de agosto de 1842 tomó parte en el combate de Costa Brava sostenido en el Paraná por la escuadra de la Confederación contra la escuadrilla que mandaba José Garibaldi, mereciendo por su actuación en este combate, los elogios del Almirante Brown y ser recomendado a la consideración del gobierno por su valor heroico revelado al abordar y cortar la mecha a dos brulotes que lanzó la escuadra adversaria contra la fuerza al mando de Brown, hazaña que ejecutó en un pequeño bote tripulado con 4 hombres.
Cuando regresó con la mecha a bordo el valiente oficial, Brown lo abrazó diciéndole: "yo daré cuenta al Gobierno de su valiente comportación. Usted será con los años la gloria de la escuadra argentina". "Lo que usted ha hecho en cumplimiento de su deber es mucho para su edad; pero aso se forman los hombres".
Después de la tentativa abortada de abordaje por la gente de Garibaldi, éste lanzó esa noche un nuevo brulote incendiario. Bartolomé L. Cordero se ofreció para inutilizarlo pero el almirante se opuso diciéndole: "no señor, Ud. ha hecho ya bastante para sus débiles fuerzas", y mandó en su lugar al baqueano Luis Cabassa.
Al día siguiente, después de un tiroteo que fue apagándose poco a poco por parte de Garibaldi, el Almirante Brown dió la orden de abordaje. Garibaldi sin municiones para resistir, antes de emprender la huida a través de la provincia de Corrientes, prendió fuego a sus buques haciendo volar dos de ellos. Quedó humeando el pailebot "Joven Esteban" poniendo en peligro los buques de Brown. Este llamó al guardiamarina Bartolome L. Cordero y le dió la orden de ir a apagarlo diciéndole: "Vaya Ud., que tiene suerte para la guerra, y vea si puede apagar ese otro fuego como el de anoche".
El joven oficial partió a desempeñar la nueva comisión, pero de repente se encontró con otro bote que le disputaba la gloria y el peligro: lo mandaba su hermano Mariano.
Tuvo lugar entonces entre los dos una verdadera regata, hasta que el bote más liviano se impuso, llegando a bordo del buque peligroso, su oficial y tripulación saltaron encima con baldes y hachas. El fuego salía por el castillete de proa, la pólvora estaba en la bodega y la mecha se encendía con rapidez: diez minutos mas y volaba el buque. Bartolomé L. Cordero había salvado por segunda vez la escuadra de Brown en el combate de Costa Brava.
Garibaldi, por tierra, salvó el resto de sus hombres y fue con ellos a aumentar el número de los defensores de Montevideo.
Con posterioridad al robo de la escuadra de la Confederación por parte de las fuerzas navales francesas e inglesas y de la batalla de Vuelta de Obligado, acaecidos en 1845, en las jornadas del 25 y 26 de diciembre de 1846, participó en el reñido combate de Paysandú, como oficial de la artillería de desembarco acantonado en la ciudad, allí se destacó por la valentía con que defendió la plaza contra los ataques simultáneos que desencadenó Fructuoso Rivera, mandando 2.500 hombres y con la cooperación de los buques franceses "Alcacien" y "Tactique". Bartolomé L. Cordero quedó gravemente herido en la sangrienta acción, y cuando los riveristas penetraron en la ciudad después de repetidos ataques a la bayoneta, lo hallaron inconsciente al pie de su cañón, con todos los sirvientes muertos, ¡una bala se había detenido en una libreta que llevaba en el bolsillo izquierdo de su chaqueta! Rivera felicitó el singular valor desplegado por aquel muchacho en tal difícil trance.
Durante 1847 se embarcó en buques de la Confederación que tenían que cumplir misiones arriesgadas, tales como forzar el bloqueo anglo-francés sobre el Puerto de Buenos Aires y conducir armas y municiones al ejército de Manuel Oribe que sitiaba la capital uruguaya, como igualmente a la provincia de Entre Ríos, con destino al ejército de Urquiza.
Como premio a su arrojo, el 10 de junio de 1847 fue promovido a subteniente con antigüedad del 25 de diciembre del año anterior, fecha del memorable y ya mencionado combate de Paysandú.
En 1849 fue asignado como subteniente al pailebote “Julio”, a las órdenes del coronel José María Pinedo. Fue el responsable de recibir los cañones capturados por los ingleses en el Combate de la Vuelta de Obligado, devueltos tras la paz con esa nación.
Actuó en los preparativos de una escuadra destinada al Paraguay, hasta que el pronunciamiento de Justo José de Urquiza suspendió los aprestos.
En 1852, con posterioridad a la batalla de Caseros, el almirante Brown lo recomendó al gobierno de la Confederación en forma honrosa, que lo incorporó a sus fuerzas y le ascendió a teniente el 4 de marzo.
En este mismo año se produjo la invasión a la provincia de Entre Ríos por las fuerzas del estado de Buenos Aires mandadas por los generales Manuel Hornos y Juan Madariaga, transportados por la escuadrilla al mando de Antonio Somellera el 3 de noviembre de 1852.
Atacaron el departamento de Concepción del Uruguay, pero Bartolomé L. Cordero, con 22 años de edad, organizó la defensa de esta ciudad, repeliendo el ataque de los invasores, Bartolomé con ello logró el ascenso a capitán el 29 de noviembre siguiente. Previo a estas acciones hubo intentos por parte de emisarios de Buenos Aires de comprar la voluntad de Bartolomé L. Cordero, que este rechazó con energía.
El 1º de enero de 1853 se incorporó a las fuerzas del general Hilario Lagos en el sitio histórico de Buenos Aires y participó en la batalla de San Gregorio el 22 de enero del mismo año, donde fueron derrotadas las fuerzas de Buenos Aires mandadas por el coronel Pedro Rosas y Belgrano, que cayó prisionero.
Poco después Bartolomé L. Cordero fue nombrado ayudante del coronel John H. Coe, que había asumido como jefe de la escuadra de la Confederación, y cuando fue capturado el vapor “La Merced” fue puesto a su mando.
En el combate de Martín García, librado el 18 de abril de 1853, la división participante de la escuadra de la Confederación Argentina compuesta por 4 buques (tres vapores y un bergantín con 19 cañones en total) al mando de Mariano Cordero, se enfrentó a la escuadra de Buenos Aires (6 buques a vela con 38 cañones), mandada por Florián Zurowsky.
El vapor "Correo" comandado por Mariano Cordero y llevado a remolque al bergantín "Maipú" a cargo de su hermano José María, el vapor "La Merced" comandado por Bartolomé L. Cordero, junto al vapor "Constitución" al mando de Santiago Maurice, con menos artillería pero mayor movilidad, vencieron a la escuadra porteña, en la que sólo se destacó la goleta "Santa Clara" al mando de José Murature, que en el entrevero enfrentó a "La Merced" de Bartolomé L. Cordero.
La consecuencia de este combate fue el bloqueo de Buenos Aires, cerrado por tierra y mar.
Lamentablemente este bloqueo terminó dos meses más tarde, luego que el comandante de la escuadra de la Confederación John H. Coe, por cinco mil onzas de oro, el 20 de junio de 1853 entregó la escuadra a las autoridades porteñas. Varios comandantes de los buques confederados también fueron sobornados. Solo los tres hermanos Cordero junto con Augusto Laserre y Santiago Maurice permanecieron leales y debieron huir de los buques que pusieron proa en Buenos Aires.
Coe, al día siguiente de la traición, abordo la corbeta estadounidense "Jamestown" rumbo a los Estados Unidos, antes de esto quiso estrecharle la mano al ya anciano General Paz quien le respondió: "¡El General Paz no saluda a traidores!".
El 21 de enero de 1854 Bartolome L. Cordero fue promovido a sargento Mayor.
Reiniciada la guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires en 1859, su hermano Mariano Cordero recibió la orden de Urquiza de remontar una escuadra para enfrentar nuevamente a la porteña, ese alistamiento lo realizó en Montevideo, y desde agosto de 1859 con la escuadra casi lista pero en el Río de la Plata, incluso con incursiones frente a Buenos Aires.
Completado el alistamiento, la escuadra al mando de Mariano Cordero remontó el río llevando, además de los buques, un importante cargamento de cañones, municiones y pertrechos para el ejército de la Confederación que pelearía en Cepeda. Nuevamente los hermanos Cordero recibieron propuestas para traicionar al gobierno de la Confederación, que rechazaron también en esta oportunidad con energía.
Para esa travesía los porteños tenían dos puntos fuertes: la Isla Martín García fortificada y la escuadra al mando de Antonio Susini que operaba en San Nicolás cerrando el Paso del Tonelero.
A mando del vapor "Hércules", Bartolomé L. Cordero participó el 14 de octubre de 1858 del combate de Martín García, cuando las fuerzas del Estado de Buenos Aires de la Isla Martín García intentaron evitar el avance de la escuadra de la Confederación. Bartolomé L. Cordero recibió dos heridas y en el fragor del combate salvó la goleta "Concepción", salvando así la mayor parte del armamento utilizado por el ejército de la Confederación luego de la batalla de Cepeda el 23 de octubre siguiente. Este acto fue muy temerario, primero debió acallar las baterías de la Isla y aproximarse luego a ellas para tomar remolque a la goleta. Las tripulaciones de los buques de la escuadra de la Confederación prorrumpieron en entusiastas ¡vivas! cuando Cordero realizó esta hazaña.
La escuadra de Buenos Aires al mando de Antonio Susini quedó descolocada al remontar los buques al mando de Mariano Cordero el delta del Paraná a través del Río Ibicuy y el brazo Paraná Pavón, en lugar de utilizar el cauce principal del Río Paraná. Las naves de la escuadra de la Confederación sufrieron varias varaduras, Susini les perseguía pero no logro alcanzarlas, y arribaron a su destino: el puerto de Rosario.
El 25 de octubre de 1859 participó en el encuentro naval de San Nicolás de los Arroyos, donde la escuadra de la Confederación atacó a la escuadra del Estado de Buenos Aires que evacuaba desde ese puerto las tropas vencidas en Cepeda.
Se dice que el gobierno porteño intentó nuevamente el cohecho, como había hecho con Coe en 1853, autorizando a pagar 5000 onzas de oro, pero los Cordero rechazaron airadamente la propuesta.
Bartolomé L. Cordero fue promovido, por el gobierno de la Confederación, a teniente coronel el 11 de agosto de 1860.
Bartolomé L. Cordero, previo a la batalla de Pavón, marchó a Córdoba donde formó parte del ejército de la Confederación, organizando y disciplinando su artillería. Tras la derrota de la Confederación en la batalla de Pavón, previéndose una invasión a Entre Ríos, se le encargó levantar dos baterías en Punta Gorda, Diamante. Por orden de Urquiza también quedó de jefe de la escuadra de la Confederación para su desarme en el puerto de Paraná, por haberse pasado en un bote a la escuadra porteña su comandante, el coronel Luis Cabassa.
En noviembre de 1861 fue reconocido como coronel graduado de las fuerzas armadas de la Confederación Argentina.
A asumir la presidencia de la República el general Mitre en 1862 y disueltas las fuerzas navales de la Confederación, fue nombrado capitán del puerto de Paraná.
El 19 de octubre de 1864 contrajo matrimonio en Buenos Aires, con Luisa Antola, de 17 años de edad, entrerriana, de este matrimonio nacieron cinco hijas: Clara Benita, Josefa Felisa, Isabel Valentina, Luisa Natividad y Virginia Cordero. También nació un varón que se llamó como su padre: Bartolomé Cordero.
Durante du permanencia en Paraná como Capitán de Puerto, junto a su hermano José María elaboraron un proyecto para la creación de una Escuela Naval Militar, así como el reglamento que debía regir su funcionamiento.
A principios de la presidencia de Sarmiento, y siendo capitán del puerto de Gualeguay, Bartolomé L. Cordero, escribió un proyecto de Escuela de Marineros y Oficiales que fue muy elogiado.
El 14 de noviembre de 1869 Bartolomé L. Cordero fue ascendido a coronel graduado, recibiendo la efectividad del empleo varios años después, en 1879.
El 1º de junio de 1870, estando Bartolomé L. Cordero en Buenos Aires, el presidente Sarmiento le ordenó hostilizar y someter a los rebeldes partidarios de Ricardo Lopez Jordán en Gualeguay; para esa misión solo contó con el vaporcito "Daiman", armado con 1 cañón y tripulado con 2 hombres. Con tan exigua fuerza marcho a esa localidad; allí logro someter al jefe político Calderón y al coronel Tejera, que tenia 800 rebeldes a sus órdenes. Por este notable hecho, Sarmiento le dio el mando de una escuadrilla para hostilizar a los rebeldes en el río Uruguay.
En septiembre de 1874, al producirse la sublevación de la escuadra dirigida por Erasmo Obligado contra el gobierno constitucional, Bartolomé L. Cordero fue llamado por el presidente Sarmiento. Asumió el mando de la cañonera "Uruguay" que había sido recuperada luego de varar y perder valor militar para los sublevados, y junto con los vapores "Pampa", "Puerto de Buenos Aires" y "Don Gonzalo" conformó la 1ª División a su mando, bajo las órdenes del designado jefe de la escuadra Coronel Py. La escuadra leal sumaba, a los buques ya mencionados bajo el mando de Bartolomé L. Cordero, al "General Brown", "Coronel Rosetti" y "Pavón".
Perseguidos los buques rebeldes, después de que se rindieron, Cordero pasó al río Uruguay para impedir el pasaje de López Jordán desde la República Oriental del Uruguay hacia Entre Ríos.
Concluida esta comisión se le confió a Bartolomé L. Cordero el comando del monitor "El Plata", que fue entregado en Liverpool, Inglaterra y que luego de trasladarlo al Río de la Plata, permaneció como su comandante hasta 1881. Entre 1876 y 1877, luego de escribir el "Reglamento de Condestables" que fue adoptado por el gobierno, funcionó a bordo de "El Plata" bajo su control directo la Escuela de Condestables de la Armada (astilleros).
En 1878 Bartolomé L. Cordero con el monitor "El Plata", fue destacado a Corrientes para desarmar fuerzas sublebadas en las ciudades de Bella Vista, Goya y Esquina contra el gobernador Manuel Derqui.
El 14 de septiembre de 1879, recibió la efectividad del empleo como coronel, jerarquía que ostentaba como graduado desde 1869.
El 19 de noviembre de 1979 se reorganizó la Armada Argentina quedando conformadas las Divisiones Navales Primera, Segunda y Tercera, Bartolomé L. Cordero que retuvo el comando del monitor "El Plata", fue designado comandante de la Primera División, integrada además por la corbeta "Paraná", las bombarderas "Constitución" y "Bermejo" y el aviso "Resguardo". En esa oportunidad se puso en vigencia el "Código de señales para la Armada" proyectado por Bartolomé L. Cordero, cuya necesidad se había puesto de manifiesto al incorporarse los buques de la escuadra de Sarmiento, y que rigió hasta después de 1892.
Con posteridad a los actos de Buenos Aires realizados el 28 de mayo de 1880 por la Repatriación de los restos del general José de San Martín, durante la revolución del gobernador bonaerense Carlos Tejedor, Bartolomé L. Cordero al comando de la 1ª División Naval, leal al presidente Avellaneda, bloqueó Buenos Aires. Luego de estos hechos, fue ascendido a Comodoro, con fecha 9 de julio de ese año.
Nuevamente, en 1880, fue también a bordo de "El Plata un emisario del gobierno de la provincia de Bunos Aires a comprar a los hermanos Cordero. Sin los ruegos de su hermano Mariano, Bartolomé L. Cordero hubiera hecho colgar de las vergas al vergonzoso comisionado.
En 1881 Bartolomé fue designado para vigilar en Inglaterra la construcción del acorazado "Almirante Brown", regresando a su mando un año y medio después. La tradición oral familiar recuerda que Bartolomé L. Cordero habría recibido a bordo a su madrina Manuelita Rosas, y mostrándole el casco de color minio del acorazado en dique, le hizo recordar los viejos tiempos que compartieran en Buenos Aires hacía muchos años, ella como una joven mujer y él un inquieto niño al que ahijaba.
En 1884 comando la escuadra de evoluciones formada por los acorazados y monitores "Almirante Brown", "Plata" y "Andes" junto con otros buques, evolucionando en la boca del Río de la Plata por espacio de 5 meses.
En 1886 comandó la escuadra compuesta esta vez por los acorazados "Almirante Brown", "Plata y "Andes" junto con las corbetas "Argentina", "Paraná" y "Uruguay", y complementada por algunas torpederas. La ejecución de los ejercicios navales demandó tres meses de operaciones en el mar. El 30 de ese año ascendió a la jerarquía de Contraalmirante (General de División).
En 1886 también confeccionó el "Reglamento de banderas, insignias, honores y saludos" y el "Reglamento de uniformes", siendo ambos igualmente adoptados por el gobierno y en uso hasta después de 1892.
En 1887, por tercera vez, tuvo el mando de la escuadra por espacio de siete meses. En esta oportunidad la escuadra de evoluciones estuvo integrada por los acorazados y monitores "Almirante Brown" y "Andes", crucero "Patagonia", corbetas "Argentina", "Paraná" y "Uruguay", aviso "Azopardo" y cuter "Bahía Blanca" con 4 torpederas. Cumplió una campaña de 6 meses a Bahía Blanca.
Ese mismo año, con la 1ª División Naval, Bartolomé L. Cordero operó en la costa mas inmediata al golfo de San Matías, en busca de una base futura para la escuadra, en atención a que Zárate ya no era puerto para buques como el "Almirante Brown" y "Patagonia".
En 1889 Bartolomé L. Cordero fue designado vicepresidente de la Junta Superior de Marina, reteniendo el mando de la 1ª División Naval.
El 16 de Julio de 1890, cuando el comodoro Solier sublevó unidades de la escuadra durante la Revolución de ese año, Bartolomé L. Cordero fue tomado prisionero por la oficialidad rebelde del monitor "Los Andes" cuando se aprestaba a marchar a la rada de Buenos Aires con dicho buque para batir las naves sublevadas. Sofocando el movimiento revolucionario, fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la Armada.
En 1890 fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la Armada, puesto que conservó hasta su muerte acaecida el 5 de septiembre de 1892, a las 7.30 horas a.m., a la edad de 61 años, dejando por única heredera a su familia un nombre intachable y el ejemplo de una vida consagrada a la Patria.
El gobierno decretó honras fúnebres y durante sus exequias despidió sus restos Adolfo Saldías.
En el año 1884 había adquirido una extensión de tierras en el actual municipio de Contraalmirante Cordero, en el extremo noroeste de la provincia de Río Negro, que le fueron cedidas como pago por su labor en la Armada Argentina. Esos campos no los llegó a usufructuar en vida. Dicho municipio lleva el nombre en su honor.
El periódico El Mosquito, el 10 de diciembre de 1892 señalaba como resumen de su vida, que "puede decirse que lo distinguía, además de su valor y de su patriotismo, una honradez acrisolada". Agregaba que "su vida fue la de un valiente servidor de la Patria, a la que dedicó cincuenta años de servicios tan leales como modestos que le hacen acreedor mas que ninguno a pasar a la posteridad."
Contraalmirante
Bartolomé L. Cordero (1830- 1892)
Por CN (RE) Mg. Tomás Merino
Bartolomé Leónidas Cordero prestó servicios en las fuerzas navales argentinas durante más de 51 años, desde el 5 de junio de 1841, cuando era un preadolescente de tan solo 10 años y 9 meses, al embarcar en el bergantín "General Belgrano" como guardiamarina, hasta su fallecimiento con el grado de contraalmirante el 5 de septiembre de 1892.
La finalización del bloqueo francés al río de la Plata, llevó a que el enfrentamiento ente la Confederación Argentina y el gobierno del Estado Oriental del Uruguay a cargo de Fructuoso Rivera, a partir de 1840 se ampliase, de las acciones que ya se desarrollaban en tierra, a las aguas, que representaban un gravitante centro de recursos y particularmente de las comunicaciones con el exterior.
Rivera remontó su escuadra que puso al mando de John H. Coe; y Rosas recurrió al veterano brigadier general Guillermo Brown, que con 64 años, desde febrero de 1841 alistó la escuadra de la Confederación.

